publicidad líquida

Panta rei. Un mensaje publicitario es como un cubo de hielo: compacto, ¿artificial?, se derrite con el paso del tiempo. Se vuelve líquida, se evapora, desvanece. Lo que tiene que quedar en la mente del consumidor es la idea. La esencia del mensaje transmitido. El alma del mensaje. En un océano de mensajes publicitarios, donde hay miles de campañas, como moléculas de agua, solo pocas consiguen resistirse al deshielo. Pocos consiguen perdurar en la mente del consumidor. El consumidor infoxicado del siglo XXI rebota los mensajes publicitarios, como el cuerpo humano al agua. Los que consiguen limpiar, dejar huella, son los que consiguen crear un impacto y perdurar. Si una campaña es similar a un cubo de hielo, lo que tenemos que conseguir es, al derretirse, que se mantenga su esencia. Que en un primer momento impacte, refresque, pero luego, cuando la naturaleza, el tiempo intervenga y la haga derretir, que quede la idea. El hielo también quema. Deja marca, huella.

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